Siempre que Lobo volvía de visitar a Julio en la cárcel necesitaba dejar de pensar, necesita que toda la rabia del street-punk llenara su cabeza y la vaciara de tristeza. Julio y Lobo crecieron, soñaron y lucharon juntos toda su juventud, siempre codo con codo, espalda contra espalda.

La historia de como la bofia y los nazis nos lo quitaron es un clamor en todo el Barrio, le toco a Julio, pero podría haber sido mi hermano el secuestrado por esos cabrones.

Un facho hijo de uno del PP importante estaba metido en trapicheo de farlopa y en una de esas (por gilipoias) un marroquí le regalo un par de navajazos, como el marroquí desapareció le cargaron el muerto a Julíto, descabezando de paso toda la escena antifascista que empezaba a despuntar en el Barrio. El resto es la típica historia de la justicia española y la impotencia de ver que solo quien no tiene dinero para un buen abogado entra en el trullo.

Yo me acercaba a Lobo, le ponía “Bendita Locura" de Non Servium. Nos abrazábamos y salíamos a tomarnos unas a cuenta de las que le debemos (y pagaremos) a Julio (y a sus amigos).

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