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Claudia apareció perdida en el barrio el primer día de clase de bachillerato. Yo la encontré mirando abrumada las fachadas de ladrillo visto del barrio hasta que sus ojos encontraron los míos y sonrío.
-Hola! ¿Este es el instituto Mateo Morral?-Me preguntó.
-No, es el Ramón Mercader, el Mateo es esté de aquí.-Conteste cayéndome en sus ojos negros.
-Pero si está a lado, ¿Por qué ponerlos tan juntos?
-Dos mejor que uno, ¿verdad? Ademas son muy diferentes, ¿Eres nueva en el Mateo?
-Si, me llamo Claudia.
-Yo soy...
-¡Ei Lobito! ¿Vamos a llegar tarde el también el primer día?-Me interrumpió César mientras se acercaba.
-Claudia, él es César; César ella es Claudia, es nueva en el insti.
-Estas de suerte Claudia, acabas de conocer a los dos chicos más simpáticos y divertidos de todo el extrarradio; vamos a hacer su paso por esté jaulario algo memorable y sublime.-Dijo César en tono solemne y rimbombante.

Y así fue como César se ganó la primera sonrisa con caída de ojos de Claudia, no creo que recuerde que yo fui quien les presento, ni al que ella susurró un par de semanas después cuanto le gustaba César. Pensé que aquel susurro era solo para mi y sobre mi, pero eso nunca lo sabrán.
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Después de mucho pensarlo ya sé que me gusta de ti. Tienes una capacidad casi infinita para producirme sufrimiento. Como un buen dealer diste muestras gratuitas de los mejor de ti, hasta que empezaste a cobrar tu precio. No eres sádica, no disfrutas con ello, o eso creo.

Tú eres la primera que te crees las mentiras que me cuentas. Estas tan incapacitada para amar como yo cariño. Me encanta tenerte a mi lado porque me haces percibir la poca humanidad que me queda, aún tengo un poco más que tú.
Te odio tanto que no puedo dejar de quererte. Puedo dejarte cuando quiera pero no quiero, a tu lado hasta yo parezco buena persona.



El odiaba viajar, siempre se comparaba con Kant que nunca salió de su pequeña parte del mundo, pero la verdad que su deseo de no viajar nació para consolar a su madre que podía llevarle de vacaciones.
-Mama da igual, no me gusta la playa, ni viajar.

Ella era distinta, tuvo otra infancia, necesita moverse para sentirse viva, e intentaba convencerlo de que ya no estaba frente a su madre consolándola.
-No seas tonto, ven conmigo; tienes que ver ese atardecer con colores calidoscópicos, tocar esas piedras milenarias, oler aquel bosque, sentir el frió seco del ártico...

Y llegaron a un acuerdo; ella le enviara fotografías de cada lugar y el escribirá una historia para poder sentirla juntos.


"Recuerdo aquella cala perdida del Mediterráneo donde nos conocimos siendo casi niños aún, y el barco abandonado de Biarritz donde nos dimos nuestro primer beso al año siguiente, si cierro los ojos puedo sentir la salada dulzura de tu saliva mezclada con mar.
¿Recuerdas pequeño café junto a La Sorbonne donde nos encontramos tanto tiempo después?
Sigo recorriendo el mapa de Europa dibujando nuestro viaje y pensando en nuestros mil besos en mil lugares.
El olor a pan recién hecho siempre me lleva de nuevo a nuestra cabaña en los Cárpatos y nos veo preparando el desayuno.
Odio los edificios altos y Nueva York. Odio el destino que te llevo allí de luna de miel, no sé si odiarme, odiarte o odiarnos por lo que hicimos y lo que no hicimos.
Y ahora en otra playa de arena blanca mi pequeña Pietá y tu hijo juegan juntos y me susurras.
-Parecen hermanos, Dani tiene tus ojos y tu nombre.
-Piedad es lo que grito cada vez que nos encontramos y cada vez que te vas."

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"Llego en el vuelo de las 3, hemos discutido, tenemos que hablar César."
Me reenvió este mensaje de Claudia nada más recibirlo; yo tampoco me lo creía. Después de todo el final de la historia no puede ser tan sencillo.

Pero allí estaba César a las 3 y por supuesto que hablaron, acariciaron y besaron todo lo que tenían pendiente.

César pasó esta semana sin pensar ni hablar de otra cosa que no fuera Claudia; de hecho vivió esta semana en ella, paseaba levitando a un palmo del suelo.

Ayer viernes Claudia regresó a Dublin para recoger todas sus cosas aprovechando un viaje de negocios del pijo, no quería ni volver a verle.
César era la imagen del triunfo, y como era viernes salimos a celebrar, que nos sobraban los motivos.

Por la tarde nos encontramos con un compi del Barrio que es cámara en la tele y acabamos por Tirso en el garito de blues más "in" de la capi; de esos que tienes que llamar a cierto móvil para entrar a pagar 12 € por copa.

César con eso de que estaba levitando se ubico en seguida entre el famoseo de Mad-Madrid y más cuando le presentaron a Beatriz Sierra, esa actriz que protagoniza los sueños de todos los muchachos del Reino. César sacó lo mejor de sí y Sierra le siguió el juego.

-Joder ¿Has visto Lobito, me estoy haciendo a la Sierra? Como los maquis, ¡me tiro pal'monte!

Y yo callé, me quede sin palabras, podría haber dicho mil, de hecho se agolpaban por salir todas a la vez. Joder, el Lunes vuelve ella, te ha elegido, ha elegido el Barrio por ti. Has ganado, disfrútalo y no lo jodas. César debió leer en mis ojos todas estas palabras y me dijo:

-Esa que nos mira y sonríe es Beatriz Sierra y Claudia no se tiene por que enterar; ¿Verdad?



Lo sé, mis ojos color café recalentado al microondas no merecen reflejarse en los tuyos negro abismo.

Tú también sabes que te adoro, te quiero y te deseo, por ese orden.
Que me muero de celos cada vez que hablas y sonríes a algún chico guapo aunque yo éste besando a otra en ese momento.

Ambos sabemos que los labios que busco siempre son los tuyos.


Desde hace semanas tengo una de esas agendas moleskine pero aún no la he puesto ni una letra. Sigo usando hojas perdidas, reversos de billetes de tren o avión y cuadernos de Otoño con casi todas las hojas arrancadas. Ahora todas esas notas duermen entre las hojas vírgenes de la moleskine.

No me atrevo a poner la primera letra pero sé que hablara de ti. Tengo la tentación de abrirla por la mitad y comenzar ahí mismo; sin ningún orden ni dirección, como siempre. Sin embargo, al tocar el papel olvido que decir, como cuando te veo y aún no te conozco ¿Por dónde debería empezar?

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-Hola César.
-Hola Claudia.
-Ya casi no me acordaba como era tu voz por teléfono.

César se quedó callado, pensado en porqué había llamado, en que decir...

-¿Dónde estas ahora?-La voz decidida de Claudia rompió el silencio.
-En el portal del Lobito, le acabo de dejar.
-¿Te apetece venir conmigo? Mi hermana tiene una botella de vino y si me la bebo sola me emborracharé.-Susurró ronroneando Claudia.
-Vale, voy para allá, aunque no creo que te emborraches con una sola botella.
-Hasta ahora cariño.
-Hasta ahora.

Mientras hablaba ya estaba conduciendo hacia Claudia, y antes colgar el móvil ya casi estaba frente a su puerta.

-Y bien César ¿Para qué querías emborracharme?

Y se emborracharon el uno del otro, durante minutos que duraron horas se devolvieron casi todos los besos que se debían, pero toda borrachera tiene resaca y la suya llegó muy pronto.

Eran las 4:26 y sonó el teléfono de Claudia que les miraba desnudos sobre la mesilla, la pantalla mostraba la cara de ese maldito pijo encima del nombre "Cari" Claudia se quito de encima a César para atender el teléfono, respiró hondo para ahogar sus últimos jadeos.

-Hola Cari, me pillas ya en la cama... no mi hermana no está...no sé si puedes venir es la casa de mi hermana... pensé que te quedarías con tus amigos... yo también te echo de menos...

Mientras Claudia seguía hablando César se vistió y se fue, no quería otra despedida ni mucho menos oír como Claudia le echa de su cama por un pijo.

Estaba perdido aquella noche, precisamente aquella noche.

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Para César todo viene por Claudia.

Claudia apareció de nuevo en el Barrio, pero no era la Claudia que buscó la U-topia en el Des-tierro, era tan diferente que yo ni la habría reconocido, sobretodo al verla junto a aquel chico.

-Esta con un pijo-Dijo César sin creerlo tampoco.
-Ya, le he visto- Contesté.
-Pero muy pijo, y con un rollo chulo madrileño inaguantable.
-¿Estás celoso César?

Eran las 8 habíamos pasado la tarde con la feliz parejita, el niño-bien se iba con sus amigos dejando sola a Claudia (no, no era muy listo o quizás también creía en los ojos de te quiero de Claudia)
Dejamos a Claudia en casa de su hermana, nada más irse intente hacerle prometer a César que no llamaría.

-Sabes muy bien como va acabar esto -le dije- pasara aquí unos días y volverá a irse, te dirá entre lágrimas lo que te quiere pero se irá, y lo sabes.

César nunca se enfada, y menos conmigo, pero esa vez estalló.

-No todos vamos a dejar pasar nuestra oportunidad para regodearnos eternamente en la infelicidad- dijo mientras paraba el coche en mi portal- Hemos llegado.
-Joder tío esta noche he soñado con Carmen.
-¿Carmen?¿Qué Carmen?
-Mi ex-novia la del primer año de carrera, la morena con el pelo muy rizado.
-¿Aún sueñas con esa? ¿No conoces el PrOn?
-Joder estuve dos años; pero que no veas que movida, pues resulta que estaba duchándose-carcajadas de su compi- ¡Calla! y yo afuera esperando con la toalla, se la pongo, se gira y en un primer plano cortisimo me dice "Ojala te hubiera dejado el primer día; no te puedes hacer una idea de lo feliz que he sido sin ti"
-¡Toma ya que zorra! ni en sueños deja de putearte.
-Ya es una putada que se meta así en mis sueños pero el tema esta en que al girarse tenia el pelo seco, es un error de continuidad...


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El destino la puso en la misma acera y andando en dirección contraria aquella noche, precisamente aquella noche; si eso no es una señal que otra cosa puede ser.

Se veían con bastante frecuencia como siempre Ana se acerco sonriendo risueña.
-¡César! ¿Cómo que estas por la calle a estas horas?
-Últimamente me levanto temprano para pasear y ver chicas guapas.

Ana conocía bien al adulador César y obvio su guiño mientras le saludaba con los dos besos de rigor. Cuando Ana apoyo su mano sobre el hombro de César este la sostuvo con la suya para lanzar un "Sabes que todavía te quiero" clavando la mirada en los alegres ojos verdes de Ana.

Ella aún mantenía la mirada cuando trato de convencerse en voz alta.
-Pero ahora estoy con Nando... vivimos juntos...-César continuaba mudo pensando que ella no se había alejado-...ya son casi dos años juntos... -pero no conseguía apartar la mirada y se veía la duda en sus pupilas dilatadas-...soy muy feliz con él- sentenció.
-Conozco bien tu felicidad, era de otro color y sabia como un beso a las 5 de la mañana.

Ana cerro los ojos, las chicas buena siempre lo hacen y se dejo besar de nuevo por César.

César no se suele juzgar, dice que para eso estoy yo, pero hasta él sabe que esta vez fue más cabrón de lo normal.
Cuando Ana se despertó sola en casa de César pensando en las mentiras que había escrito a Nando y en como sería repetirse las a la cara recordó que algunos te quiero duran lo que se tarda en pronunciarlos.
La imagino llorando al escribirme este mensaje "Si eres capaz de mirar a la cara al desalmado de tu amigo dale las gracias por recordarme lo que dulce parece la maldad"
Como siempre la respuesta de César fue que todo es por Claudia


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