Al llegar el momento de la despedida César no se pudo contener:
-No puede ser -dijo mirándola a los ojos fijamente- ¿Qué probabilidades existían de que nos encontráramos aquí, en mitad de un club de Berna, Suiza al que nunca volveremos? ¡He estado mil veces en Segovía y nunca te había visto. Hemos pasado la noche perfecta, no hemos dejado de hablar, bailar y reír ni un momento.
Y cuando rozaba el cielo besándote dijiste eso, fueron solo diez segundos, ¿Por diez segundos vamos a olvidar el resto de la noche? Hagamos una cosa: olvidemos esos 10 segundos, como si nunca hubiesen existido, ¡No me digas hasta siempre por favor!
-Pero no es solo una frase -replicó Libertad en un tono pausado con la mirada perdida al final de la calle- es una persona que me quiere, no puedo olvidar que tengo novio.
-Has desmontado mi mejor argumentación con solo una frase, cada vez que hablas me gustas más. Eres la chica más maravillosa del mundo.
-Que te vaya bonito- Contestó Libertad clavando por última vez su oscura pupila en César.
-Adiós -Respondió en un susurro girándose y prometiéndose no mirar atrás.