
-¿De verdad crees todo eso?-Preguntó Alex de forma brusca y directa.
César solia hablar con frecuencia de La Morena, a quien alguna noche se encontrara y le alejara de la vida crápula.
-Pues claro, esta hay fuera, ya sé hasta como sera ese día; me tocara llevar el coche y no habre bebido ni una cerve, estaremos en una fiesta en casa de alguien, aburrido saldre a la terraza a liarme un cigarrillo.
-¿Y entonces caera del cielo?-interrumpío Alex, que nunca puede callar una buena puntilla.
-Espera Alex que esto promete- dije intentando que César siguiera su historia de princesitas.
-Ella no caerá del cielo, estará allí. Sus ojos serán negros como la noche más oscura, con dos tintineantes reflejos brillantes, su pelo del color del profundo abismo. Me saludara sonriente con un “¡Hola!” yo responderé con un rápido “¡Hola!” que calle el “¿Llevas mucho esperándome?”; ella dirá “Menos mal que has llegado” mientras intenta encender su cigarro con un mechero que ya no funciona; le ofreceré mi encendedor, apoyara su mano sobre la mía y comenzaremos a contarnos todo lo que nos ha pasado, como dos viejas almas que se vuelven a encontrar.
Sino conociera a César como le conozco pensaría que todo esa parrafada la dijo enserio, que es un enamoradizo, pero le he visto en acción y se que toda esa historia no es más que una excusa para justificar dejar a todas las chicas que cometen el error de pillarse por él. Es mucho mejor decir, “busco a mi alma gemela” que “no tengo intención de pillarme por ninguna chica”