
Muchos piensan que crecer a la sombra de mi hermano mayor me ha condicionado, Lobo tiene una personalidad desbordante, el Barrio le conoce y le quiere; si andas con el por la calle es mejor que no tengas prisa, todos le saludarán. Yo siempre he sido el Pequeño Lobo, Lobito, Cachorro de Lobo, pero me llena de orgullo llevar su nombre en el Barrio.
El Lobo apenas había dejado de ser un niño cuando ya tenía una familia a su cargo, le recuerdo a los 15 años llevándonos al colegio, con la cabeza rapada, su Harrington y la llorona de nuestra hermana en brazos. Aquel mismo verano dejo los estudios y se puso a trabajar. “Jugar a ser mayor no es barato”. Nunca se quejaba por nada, siempre veía el lado positivo “Unos brazos como estos no se consiguen en un gimnasio de pijos” Ahora sé que llevaba la carga más pesada del mundo en su espalda pero a nadie se lo dijo, con nadie la compartió.
Nos educo rectos, no nos deja hablar mal ni despistarnos en los estudios “Necesitamos que una cabeza amueblada cuide de Mamá, estos brazos no serán siempre fuertes” Era solo un niño y tuvo que ser quien nunca deja de sonreír, mirarle a los ojos te hacía sentir que todo era posible. Mamá siempre andaba preocupada de que no le duraban las novias “Es que estoy buscando una más guapa que tú, Morena”
Solo le vi una vez bajar los brazos, fue cuando mi hermana nos engaño y dejo de ir al Instituto para ir con sus amiguitas al fracaso “Nos ha salido mentirosilla.” Ver la inmensa derrota de tantos años de esfuerzo me partió el alma, pero ya me tocaba a mí jugar a ser mayor y compartir la carga de educar a nuestra Mentirosilla.